
Odio los regresos al mundo real, sobre todo porque después paso más tiempo de la cuenta pensando en quien no debo. Por suerte salió el sol en Auschwitz.
(a la espera de una máquina del tiempo que nos permita viajar a bachillerato para meternos una paliza)


Años ha... No tuve adolescencia. La gran mayoría de la gente vive su adolscencia como un sinfín de tonteos, rumores de"le gustas a fulanito", rumores dentro de ti mismo que te dicen que te gusta alguien, pasar por la misma calle unas mil veces esperando a cruzarte con esa persona...

No se sabe exactamente por qué esta vez ha sido capaz de aguantar tantas horas seguidas al lado de la misma persona. En realidad esto de la complicidad es algo a lo que no se termina de acostumbrar, quizás por eso de que siempre cree que alguien vendrá y dirá «tranquila, todo esto no era más que una broma pesada».
Cuando me convencieron para firmar por una séptima temporada, nadie me adivirtió de las maléficas alianzas que se formaban a mis espaldas, ni de los tíos buenos a los que les faltan luces, muchas luces (de hecho debería llamarse el apagón de Nueva York) ni tampoco de que todas las parejas del mundo se iban a destruir excepto las formadas por personas que, según se estipulaba en el contrato, están muertas por dentro.
Y de repente descubriríamos que a veces, sin decir nada, entra y cotillea lo que escribimos en este aburrido blog. Yo pondría cursilerías del tipo «